martes, 25 de julio de 2017

La segunda oportunidad de Lorenzo, por Rocío

Yo (Rocío) tuve un bóxer que compré en un criadero responsable pero lamentablemente falleció de manera repentina con tres añitos. Yo quería adoptar, pero mi pareja no estaba dispuesta a renunciar a la fase de cachorro. Pasaron los meses y nos separamos justo antes de comprar el cachorro (se lo quedó el). 


Así pues, una vez asentada, decidí que quería tener un perro y lo que quería era adoptar. ¿Por qué adoptar? Primero por la cantidad de bóxer que hay esperando en una jaula, y por otro lado, no quería un cachorro al que tener que enseñar, que se hace pis, que rompe muchas cosas y que son unos trastos (sobretodo esta raza). 
Quería un perro adulto, maduro, calmado, que aprende más rápidamente pese a que tenga otras limitaciones como el carácter o los traumas ya adquiridos. Tener un cachorro implica mucha paciencia con los destrozos y mucha fregona, si no estás dispuesto a ese sacrificio, o no tengas perro, o coge uno adulto.


Estuve investigando, preguntando por varios casos y al final me comentaron que una chica que mueve casos, había sacado de la perrera de Leganés a un bóxer y que estaba en acogida. Me dijeron que tenía 3 años.  Cuando fui a verle, no tenía 3 años.. al menos tendría 6, pero eso no me importó pese a saber la longevidad de esta raza. 


Al mes pude traerlo a casa, bajo la condición de hacer una prueba con mi gato, con el que llevaba 10 años por aquel entonces. He tenido mucha suerte porque Lorenzo pasa absolutamente del gato, y en realidad es el gato el que anda fastidiándole cuando puede. 

¿Qué problemas tuve? Lorenzo tenía pura ansia por la comida y se abalanzaba sobre mi cuando llenaba el cuenco hasta tirarlo al suelo... Poco a poco, practicando el 'sit', 'quieto' con premios, fue relajándose a la hora de comer. Más o menos me costó un mes. 

Otro problema fue el rechazo.. en resumen, no era un perro feliz. No venía a verme a la puerta al llegar, no quería atenciones, no quería salir a la calle, no quería que nadie le saludase (un bóxer arisco, os podéis imaginar?)... Era muy duro saber que no me quería, pero lo que hice fue darle su espacio, pasar mucho tiempo con él paseando, en parques, jugando con el palo y poco a poco él vino a mi a pedirme caricias y mimos. Cuando lo hacía, se los daba sin medida hasta que él quería. Y así poco a poco, a los dos meses vino a verme a la puerta al llegar de trabajar. Me hizo taaaan feliz, que ya sentí que era mi bóxer. En ese momento mi casa, se hizo hogar. Y ahora me quiere con locura, lo noto. 



Poco a poco también fue buscando acercamiento con la gente de calle, aunque le sigue dando desconfianza los chicos jóvenes por lo que pasa y no se acerca si le llaman. 

Me dicen que él ha tenido mucha suerte conmigo, pero en realidad ha sido al revés. No podría haber sido más afortunada de habérmelo encontrado. Es un perro fiel, bueno de carácter, obediente, defensor. No sé qué pudo llevar a alguien a abandonar a Lory porque yo no he encontrado absolutamente ninguna cosa mala en el (los pedos apestosos no cuentan). 

Animo a quien lea estas letras a que la próxima vez, adopte un perro adulto, es la mejor decisión que tomé y seguiré tomando en el futuro. 

El cambio entre la jaula y una vida feliz, sólo lo pones tu. 

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